Galgo

Óleo sobre lienzo · 50 × 50 × 3 cm

Hay miradas que no necesitan palabras.

Esta obra nace de una de esas miradas: la de un galgo que nos observa de frente, sereno, rodeado de flores y vegetación. Una presencia silenciosa que ocupa el centro del cuadro y que, sin pedir nada, nos obliga a detenernos.

“Galgo” no pretende representar al animal desde la compasión ni desde la imagen del sufrimiento. Al contrario. Quería pintar su dignidad, su sensibilidad y su belleza, pero también esa capacidad que tienen los animales de permanecer ante nosotros sin artificios, simplemente siendo.

El galgo es un animal profundamente ligado a nuestra cultura y, al mismo tiempo, a una historia en la que con demasiada frecuencia su valor ha estado condicionado por su utilidad. Cuando deja de servir para aquello para lo que ha sido utilizado, su vida no debería perder valor.

Porque un galgo no es una herramienta.

No es un objeto.

No es un animal que vale más o menos dependiendo de lo que pueda hacer por nosotros.

Es un ser vivo.

Y precisamente por eso, en esta pintura he querido alejarme de cualquier representación dramática. No hay abandono, no hay miedo, no hay violencia. Hay una mirada tranquila que nos devuelve la nuestra.

Las flores que lo rodean tampoco funcionan como un simple adorno. Crean un espacio de calma, de vida y de protección, un pequeño territorio en el que el animal puede existir sin amenaza. La vegetación abraza su figura y convierte el fondo en algo casi orgánico, como si el galgo formara parte de ese paisaje desde siempre.

Me interesa cada vez más pintar ese instante en el que desaparece el miedo.

Imaginar qué aspecto tendría el mundo si ningún animal tuviera que vivir condicionado por nuestra violencia, nuestro abandono o nuestra necesidad de dominarlos.

Quizás por eso este galgo no baja la mirada.

Nos mira.

Y en esa mirada hay algo que me gustaría que permaneciera después de contemplar la obra: la certeza de que su vida tiene valor por sí misma.

No porque nos sea útil.
No porque nos pertenezca.
No porque podamos obtener algo de ella.

Simplemente porque está vivo.

“Galgo” forma parte de mi investigación pictórica sobre la convivencia entre especies y sobre la posibilidad de construir una relación con los animales basada en el respeto, el cuidado y el reconocimiento de su propia dignidad.

Porque ellos también tienen una historia.

Y merece ser contada.

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